Más 7 mil atenciones realizó el Albergue Móvil

El Albergue Móvil La Misericordia ha funcionado sin mayores dificultades, cumpliendo el objetivo principal de acoger y a acompañar a las personas en situación de calle. Las más de 7 mil atenciones testimonian el buen año para este valioso servicio social de la Iglesia.

Ángelo Lagos, quien forma parte del equipo que encabeza la Delega Episcopal de la Vicaría de Pastoral Social, Gabriela Gutiérrez, e integran dos monitores, el padre Yuliano Viveros párroco de la parroquia San Agustín y Casa Betania, comentó que “ha sido un muy buen año, con avances importantes en la atención”. Se logró la participación de más de 15 instituciones de apoyo, especialmente, en el voluntariado proveniente de distintos establecimientos educacionales, universidades, entidades privadas, entre otras. Esta acción registró, durante el período, la participación de más de 2.100 voluntarios. En este balance, el albergue entregó más de 7.000 atenciones y mil servicio de alojamiento, entendiendo que el bus da cabida, cada noche, a 4 personas.

Esta obra social de la Iglesia ha funcionado por tercer año, lográndose por segundo año, el financiamiento necesario para funcionar sin sobresaltos, gracias a la organización de una rifa, que ha sido asumida por un grupo de personas que colaboran con gran sentido cristiano y solidario. Esta acción aportó los recursos para la atención, cada noche, de 22 a 24 horas, de lunes a viernes, en el frontis de la catedral. Los fondos permitieron además enfrentar la mantención de la máquina, para que cumpliera cabalmente en el lugar.

Sin duda, que la situación de la crisis social modificó el funcionamiento por algunos días, pero la solución provino rápidamente de la Parroquia San Agustín, que abrió sus puertas para acoger, noche a noche, a los usuarios en sus dependencias, manteniéndose hasta el 17 de diciembre, día de celebración de la Navidad y cierre del programa anual. Esta atención fue asumida con una excelente disposición y entrega de la Universidad San Sebastián.

El padre Yuliano Viveros comentó que la posibilidad de trasladar la atención en su parroquia se originó por la contingencia social y por el riesgo que eventualmente pudiera correr el Albergue al estacionarse en la catedral. “Se habló de la posibilidad de atender a los usuarios en la parroquia, en el mismo lugar donde funcionó el programa de invierno Código Azul, entre  abril  y septiembre. Llevamos más de un mes, con muy buena acogida. Más de 30 personas llegan a cenar cada noche y pernoctan alrededor de 20, porque tenemos espacio para ello.

Miguel, monitor del Albergue confirmó la buena acogida por parte de los usuarios. “En los primeros días del cambio, unos invitaron a otros, porque muchos no llegaban al centro de la ciudad, por el peligro y la violencia, pero ahora, todos se sienten más seguros y no ha habido ningún problema. Por lo mismo, s modificó el horario de 21,30 a 23 horas”, puntualizó, admitiendo que el funcionamiento del Albergue durante el año ha sido muy bueno, porque se mejoraron los protocolos, se coordinó adecuadamente el voluntariado y ha habido financiamiento.

Voluntariado

Cada voluntario vive una experiencia personal y grupal muy enriquecedora. Y muchos que van por primera vez, quieren  volver a registrarse. Una experiencia personal la vivió el secretario regional ministerial de Vivienda y Urbanismo del Bío Bío, James Argos, quien junto a un grupo de funcionarios y familiares de éstos, llegó una noche al albergue. Luciendo un “peto” de voluntario, se colocó al servicio de las personas de calle. Saludó con afecto a cada uno y luego se dispuso a preparar café, sándwich para compartir.

“Estamos conscientes del sentido de solidaridad y queremos aportar con nuestro granito de arena. Hemos venido 10 personas y hemos querido compartir, porque es parte del espíritu de nuestros funcionarios. Regularmente buscamos espacios  para entregar lo que la sociedad nos ha dado y, a veces,  en temas tan simples como acompañar a los que menos tienen”, comentó, llamando a funcionarios de otros servicios públicos a vivir esta experiencia. “Uno lo ve como un acto de entrega, pero también uno recibe mucho”, subrayó.