Grumetes solidarizan con Albergue Móvil

Con especial entusiasmo y empatía, un grupo de jóvenes de la Escuela  de Grumetes de Isla Quiriquina, dependiente de la II Zona Naval, en Talcahuano, vivió la experiencia de compartir con el Albergue Móvil y las personas en situación de calle.

Junto con lograr un conocimiento de la realidad que viven las personas que llegan al Albergue Móvil, cada noche, en el frontis de la catedral, los grumetes conversaron e intercambiaron opiniones, pero además, prepararon sándwiches y sirvieron café, compartiendo la mesa que se adosa al vehículo.

Soraya Coloma, grumete que integró el grupo, manifestó que “esta es una iniciativa bastante importante, ya que son personas que no tienen con quien desahogarse y, aquí, disfrutan y aprovechan de pasar un rato con otras personas y pueden compartir con alegría”.

Evelyn Vásquez expresó que “ha sido un encuentro  muy lindo. Primera vez que participo y estimo que es muy lindo que pueda venir otra gente a conversar con ellos, que cuenten sus experiencias de vida. En realidad, que uno aprende ellos y nos motiva a ser más caritativos”.

Eliecer Orellana, afirmó que “ha sido un encuentro que nos llena mucho como personas;  conocer situaciones que probablemente no conocemos  y que no hemos pasado.  Es una experiencia que enriquece la vida personal”.

El Pbro. Rafael Providell, capellán de la II Zona Naval y de la Escuela de Grumetes de Isla Quiriquina, señaló que “hace algunas semanas, fuimos a conocer el bus que se hallaba en Casa Betania, en el contexto de actividades del Circulo de Pastoral de la Escuela de Grumetes. Esto se comentó al interior de la Escuela justo los días de mucho frio y surgió la idea de prestar un apoyo, entonces organizamos esta salida.  No es fácil salir con los grumetes de noche, pero logramos un grupo de voluntarios y trajimos colaciones para compartir con la gente, sensibilizados más que nada para compartir con las personas en situación de calle”.

Comentó, además que “tuvimos una inducción previa y no es el afán de traer algo para comer, sino sobre todo compartir a nivel humano, es nuestro objetivo y el aporte que debemos dar a los grumetes, que se den cuenta de las realidades en que está inserta nuestra sociedad. Aquí, en el centro de la ciudad, la periferia está presente, entonces son situaciones que vayan comprendiendo, para que sean capaces de entender cómo es la vida”.

Dijo que todos los jóvenes, cuando ingresan a la Escuela de Grumetes, tienen un fuerte sentido solidario, “son personas dispuestas a ayudar a los demás; son personas con vocación de servicio, que se canaliza a través de una institución armada que, en general,  gracias de Dios,  no hemos tenido guerra en los últimos 130 años. Entonces,  se manifiesta esta vocación, especialmente, en los momentos de catástrofes o de necesidad. Es ahí donde el  grumete y futuro marino tiene que estar sensibilizado para poder ayudar a los demás”, expresó el padre  Rafael.

Recordó que “nos tocó  vivir la experiencia en Haití, donde los marinos, y en general las FF.AA. se tuvieron que enfrentar con una realidad  totalmente diversa a la nuestra y ahí se descubre que los miembros de las FF.AA. son personas que se sensibilizan con estas realidades”.

En relación a la experiencia vivida en el Albergue Móvil,  señaló que “nosotros hacemos una reunión previa y después que se ha realizado la actividad, hacemos la evaluación y,  ahí, se ve lo que haya que mejorar con nuevas salidas o cosas que se puedan organizar. También aprovechar de compartir toda la experiencia que hemos sacado con fotografías para difundir en nuestras redes sociales, para que los padres de los grumetes sepan que sus hijos han estado presente en estas actividades. Esta es una experiencia bien enriquecedora”.

En lo personal, el padre Rafael manifestó que “me llama la atención, porque es muy buena esta iniciativa. Ojalá que se pueda replicar en otros momentos y es muy novedosa, en el sentido cómo uno descubre que el espíritu habla a través de esta obra. En un  momento, se partió con una idea preconcebida y el espíritu ha ido hablando, porque lo que más importa no era el tema del alojamiento, sino el tema del compartir con las personas en situación de calle. Entonces, uno como pastor tiene que estar con los oídos bien abierto para poder escuchar lo que el espíritu nos está indicando, en el día a día, y compartir y ser  capaces de llevar a Jesucristo que vive en el corazón de cada una de estas personas, que son hermanos, que están en situación de calle y que sientan la solidaridad, el cariño, el respeto y dignidad por su persona”..